Monday, April 18, 2011

El gran amante


Naxos

Una vez en la isla, a mi llegada a Naxos
el paisaje me dejo frío, la silueta de la isla se bifurcada en el infinito
empecé la búsqueda de la bella Ariadna.

Ella, bagaba en la solitaria orilla, cabizbaja,
soñaba con el amor no correspondido,
no logró olvidar el Minotauro.

Allí la encontré desnuda de mente y ropa,
vacía y triste,
tan bella y pura, qué una simple mirada suya
erizó mi corazón, me nubló el sentido,
provocó la caída más simple.

Su magnificencia, de rasgos tan neutros me poseían
me hacían enloquecer,
una vez los dos solos, pude aplacar su pena
le regale el amor, la instruí en el placer puro,
me introduje en su cuerpo
y gane la batalla,
por fin esbozo una leve sonrisa.

Caminé por senderos insondables, ví la luz
conocí la noche, y ame la luna.
Nací de nuevo, él laberinto encontró el camino.

Por fin la hice olvidar a Teseo,
Ariadna voló en libertad
por fin me dí cuenta; aprendí lo que es el amor...




NATXO
EDICIONES IBERICAS
LA CRITICA LITERARIA
CLASICOS BERGUA

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